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Juan Pablo II, el Papa al que México se entregó




Juan Pablo II fue el Papa de la Iglesia Católica que realizó más viajes pastorales alrededor del mundo durante sus 26 años de pontificado; 104 viajes apostólicos fuera de Italia, por 129 países, y 146 recorridos por diversas regiones italianas.

Juan Pablo II fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978 y tres meses después comenzó a recorrer el mundo. El 25 de enero de 1979 viajó a República Dominicana, en una escala que lo llevaría a la primera de sus cinco visitas pastorales por México.

El 26 de enero de ese año, el Papa aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a bordo de un avión comercial de AeroMéxico; lo primero que hizo al descender de la aeronave fue besar el suelo mexicano, en una imagen que sorprendió y conmovió al mundo.

El Pontífice fue recibido por el presidente en turno, José López Portillo, quien se dirigió a él como "distinguido visitante", sin darle trato de jefe del Estado Vaticano, ya que México no tenía relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

López Portillo le deseó éxito en su misión de paz: "Lo dejó en manos de la jerarquía y de los fieles de su Iglesia".

La primera visita del Papa viajero a México duró seis días y la población lo adoptó como suyo. Se le entregó por completo desde un principio. Su primera misa fue oficiada en la Catedral Metropolitana. También visitó la Basílica de Guadalupe, para rendir culto a la virgen guadalupana.

El Papa decidió alojarse en la entonces delegación apostólica del Vaticano en México, al sur del Distrito Federal, donde la gente hizo guardia día y noche para estar cerca del primer Pontífice en la historia de la Iglesia Católica que incluía a México en el mapa de sus periplos.

Fue tal el cariño de los mexicanos, que miles de personas y estudiantinas desfilaron día y noche afuera de las instalaciones de lo que hoy es la Nunciatura Apostólica para cantarle la canción "amigo" de Roberto Carlos.

En varias ocasiones, Juan Pablo II, alegre y sorprendido, se asomó por la ventana de su dormitorio, para pedir con una gran sonrisa, "Papa quiere dormir, dejen dormir a Papa" a lo que la gente se volcaba en aplausos y lágrimas.

La misma alegría desató su paso por la ciudad de Puebla y su visita a un hospital de Cuilapam, Oaxaca, donde su sonrisa y su bendición calmaron por un instante el sufrimiento de los niños enfermos.

En Guadalajara se repitió la misma algarabía por la presencia del Santo Padre, quien se despidió de México en Monterrey, en medio de aplausos y porras, mientras millones de personas seguían sus actividades por televisión y radio.

Otra sorpresa que se llevó el Papa a bordo del avión que lo llevaría de regreso a Roma fue ver millones de espejitos enviándole un reflejo de cariño desde territorio mexicano.
SEGUNDA VISITA

El Papa se tardó 11 años en regresar a México. Y es que en 1981 el turco Mehmet Ali Agca lo baleó en la Plaza de San Pedro, poniéndolo al borde de la muerte y en un proceso largo y penoso de recuperación.

Pero en 1990, con Carlos Salinas de Gortari como presidente, el sueño de muchos mexicanos se hizo realidad y el Pontífice regresó a suelo azteca, en una gira pastoral que también incluyó Curazao y Brasil.

Los preparativos fueron en grande para recibirlo en la Ciudad de México, Veracruz, Aguascalientes, San Juan de los Lagos, Jalisco, Durango, Chihuahua, Monterrey, Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa, Tabasco y Zacatecas.

Del 6 al 14 de mayo el Papa dirigió un mensaje de amor y de esperanza, pero el acto que marcó a los católicos mexicanos fue la beatificación de Juan Diego, en la Basílica de Guadalupe.

EL PAPA EN YUCATÁN


Tres años después, en agosto de 1993, el Papa Juan Pablo II, hizo una breve visita a Yucatán, la tercera por territorio mexicano, pero en un ambiente de tensión por el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en mayo de ese mismo año.

En ese tercer viaje, el Papa peregrino fue recibido por el presidente Carlos Salinas de Gortari. Por primera vez, un mandatario mexicano se dirigía al Papa, como "Su Santidad", sin mencionar que un año antes, el 21 de septiembre de 1992, México había reanudado relaciones diplomáticas con el Vaticano.

El Santo Padre enfocó sus discursos en Izamal, Yucatán, a los indígenas y al respeto a todas las etnias de la región, en el 501 aniversario del inicio de la evangelización con el descubrimiento de América.

EN EL AZTECA

Seis años más tarde, el gobierno del presidente Ernesto Zedillo invitó por primera vez al Papa a visitar México en calidad de Jefe de Estado.

Juan Pablo II llegó el 22 de enero de 1999, en un avión de Alitalia. Fue recibido con todos los honores y por segunda ocasión un presidente se dirigía al líder de la Iglesia Católica, como "Su Santidad".

El itinerario fue intenso durante su visita, del 22 al 26 de enero, en el Distrito Federal.

Sostuvo reuniones multitudinarias en el Autódromo "Hermanos Rodríguez" y en el Estadio Azteca, donde hubo un acto muy emotivo ante cien mil personas, en donde el Papa dijo "estaré con ustedes hasta el fin de los días" y recalcó que él también era mexicano.

También visitó la Basílica de Guadalupe, un hospital y la Residencia Oficial de Los Pinos.

Desde el Cerro del Tepeyac, lugar de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, proclamó el 12 de diciembre como fiesta del continente americano y elevó a la guadalupana, como "reina de toda América", antes de clausurar los trabajos del Sínodo de América.

LA ÚLTIMA VISITA

En los siguientes tres años, la salud del Papa peregrino se deterioró considerablemente, pero aún así sacó fuerzas para regresar a suelo azteca y despedirse de los mexicanos, en su quinta y última visita a nuestro país, del 31 de julio al 1 de agosto de 2002.

Por primera vez en la historia de México, Vicente Fox, un presidente que se había declarado católico y que incluso el día de su toma de posesión fue a darle las gracias a la Virgen de Guadalupe a la Basílica, besó el anillo del obispo de Roma al darle la bienvenida en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En su último viaje a México, Juan Pablo II ofició la ceremonia de canonización de Juan Diego en la Basílica de Guadalupe, para ungirlo como el primer indígena elevado a los altares y el número 464 en su pontificado.

También beatificó a los indígenas de San Francisco Cajonos, Oaxaca, Juan Bautista y Jacinto de Los Ángeles, asesinados el 16 de septiembre de 1700.

En sus cinco visitas al "México siempre fiel", Juan Pablo II se reunió con representantes de todos los ámbitos.

La gente no dejó de gritarle a su paso: "México católico, siempre fiel", "Juan Pablo II, te quiere todo el mundo", "Juan Pablo amigo, el pueblo está contigo" y "Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano".

En agosto de 2002, el pueblo católico mexicano se despidió del Papa peregrino, quien murió 2 de abril de 2005, en sus aposentos vaticanos.

México definió el carácter apostólico y la estrategia del pontificado de Juan Pablo II.



La intuición geopolítica y misionera de Juan Pablo II colocó a México como una de sus prioridades, aseguró Guzmán Carriquiry, secretario de la Pontificia Academia para América Latina.

"Hubo muchos motivos de fondo para los viajes de Juan Pablo II a México. Por una parte, se sintió atraído por Nuestra Señora de Guadalupe y por esa religiosidad popular de los pobres y sencillos, arraigada desde la primera evangelización", argumentó Carriquiry, en entrevista con REFORMA.

"Pero, además, México fue siempre la gran frontera entre el norte y el sur americano, esa gran frontera decisiva en las relaciones entre el norte y el sur. Yo pienso que todo esto movía la intuición geopolítica y misionera de Juan Pablo II".

Según el Embajador de México ante Italia, Mariano Palacios Alcocer, no en vano el Papa fue el primer Pontífice que viajó a México en la historia de la Iglesia católica.

"La primera visita de Juan Pablo II fue a México (en 1979). También (fue) la primera visita de un Pontífice a nuestro País", recordó el diplomático.

"Juan Pablo II definió a nuestro País como: 'México, siempre fiel"'.

Myriam Garza, la responsable de la Comunidad Católica Mexicana de Roma, consideró que esa visita reactivó la fe en México, pero también en el resto de América Latina.

"La prueba es que, de repente, empezaron a llegar a Roma olas de peregrinos de México y de otros países latinoamericanos", afirmó Garza.

Según ella, Juan Pablo II conquistó al pueblo mexicano, lo que le permitió ganar peso en la política nacional y regional.

"Enseguida su carisma conquistó al pueblo y a los políticos no les quedó otra opción que aceptarlo y apoyarlo", dijo Garza.

"Lo que decía, se entendía. No había lejanía. Eso reactivó la fe. Hubo un cambio. Ocurrió después de su primer viaje a México, pues lo vimos que se acercaba a la gente, que la besaba, que se ponía el sombrero, que hablaba en español. Nosotros, los fieles, estábamos idiotizados".

De hecho, la importancia que el Papa polaco le dio a México quedó plasmada en el número de veces que viajó al País: cinco.

Fue la cuarta nación más visitada por Juan Pablo II, junto a España y Estados Unidos, y después de Polonia, Italia y Francia.

En la primera visita, cuando condenó duramente a la Teología de la Liberación (corriente que defendía la opción para los pobres), más de 20 millones de mexicanos salieron a la calle a recibirlo.

A nivel diplomático, además, el difunto Pontífice consiguió en 1992 el restablecimiento de las relaciones bilaterales entre México y la Santa Sede, tras más de un siglo de graves desavenencias entre los dos países.
El Papa Juan Pablo II viste un sombrero de charro que le regaló un mexicano en 1979.
Restablecimiento de relaciones

Durante su papado, Juan Pablo II logró lo que parecía imposible: restablecer la relación diplomática entre México y El Vaticano.

Ésta se había interrumpido desde hacía más de un siglo, nueve Papas antes de la llegada de Juan Pablo II a la Santa Sede.

El Papa polaco logró reanudar en 1992 lo que había sido interrumpido en 1861, durante el papado de Pío IX, en el marco de un contexto que había empeorado con la Constitución mexicana de 1917, fruto de una revolución que costó más de un millón de vidas y que prohibió a la Iglesia tener propiedades.

El restablecimiento de las relaciones fue producto del vigoroso activismo y carisma del Pontífice, según representantes de México en Italia y en El Vaticano consultados por REFORMA.

"Fue determinante su interés por México y sus múltiples visitas así lo acreditan", opinó el Embajador de México ante Italia, Mariano Palacios Alcocer, quien participó en las negociaciones de aquellos días.

"Terminó así un largo período de alejamiento entre el Estado y la Iglesia católica".
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