Santa Prisca (Priscila) de Roma

18 de Enero
Virgen y mártir. Roma , año 54

La Iglesia Católica recuerda a Santa Prisca o Priscila, Mártir del primer siglo de la era cristiana.
Ella y su esposo Aquila prestaron muy valiosos servicios a la naciente Iglesia que Cristo fundó.
Esto consta en la carta de San Pablo a los Romanos: "Saludad a Prisca y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad" (Romanos 16,3-4).

Proporcionaron su propia casa para el uso de la Iglesia: "Os envían muchos saludos Aquila y Prisca en el Señor, junto con la Iglesia que se reúne en su casa" (1 Corintios 16, 19).

El nombre Priscila es el diminutivo de Prisca (que viene de la lengua latina y significa "Antigua"). Ella es muy mencionada junto con su esposo en el Nuevo Testamento. Aquila era judío y posiblemente Priscila también; vivían en Roma, hasta que el emperador Claudio promulgó un decreto por el que ordenó salir de Roma a todos los judíos.
Priscila y su esposo se fueron a vivir a Corinto, en Grecia. El nombre Prisca lo utiliza San Pablo para referirse a esta santa cuando la menciona en sus cartas o epístolas, mientras que Priscila aparece en los Hechos de los Apóstoles, de San Lucas.

Estuvieron con Pablo en varios lugares, como Roma, Éfeso y Corinto, con quien anduvieron desde el año 50. En Corinto, Pablo se quedó a vivir y a trabajar con ellos, pues tenían el mismo oficio: fabricaban tiendas (Hechos 18,1-3). También Aquila y Priscila evangelizaban, pues conocían exactamente el Camino y lo exponían con precisión (Hechos 18,26).
Desde muy antiguo se le tributó culto en Roma a esta joven romana. En el siglo IX, mediante las excavaciones arqueológicas, se descubrió e identificó que estaba enterrada en Aventine con el nombre de "Priscila, mujer de Aquila, judío cristiano".

Según las Actas escritas en el siglo X y por lo tanto sin valor histórico, cuando hablan de ella, dicen que era una joven a la que llevaron al anfiteatro para la diversión de la gente. Se lanzó sobre ella un león y, en lugar de hacerla pedazos, se echó sus pies.
En vista de esta situación, la devolvieron de nuevo a la cárcel. Se dice que, cuando la mataron, un águila velaba su cuerpo hasta que la enterraron en las Catacumbas de Priscila, en donde hay en la actualidad una iglesia dedicada a su nombre desde el siglo IV.
Al respecto, lo que sí se puede afirmar con toda certeza es que existe en Roma la bella iglesia de Santa Prisca que, significando el triunfo de Cristo, se construyó sobre el santuario de Mitra, un dios falso de origen persa que era el dios sol de los paganos.

En lo que respecta al arte, los pintores la plasmaron en sus cuadros como una joven mártir con un león o dos, una espada y un águila cerca de ella. El león domado o domesticado a sus pies simboliza la caída del paganismo, al igual que la construcción de la iglesia sobre un templo pagano.
Santa Priscila es para nosotros un ejemplo claro de sacrificio por la fe en Cristo.

Sus reliquias se conservan en Roma en la iglesia a la que da nombre.
En la literatura neotestamentaria ya aparecen los nombres de Prisca y Priscila. Alguna vez agradece San Pablo la entereza de alguna de ellas que puso su vida en peligro por defender la del Apóstol. Con respecto al martirio de Prisca se entremezcla en el relato, como veremos, la verdad y la ficción, la historia y la fábula.

Ha nacido en Roma y tiene 13 años. Aún no ha dejado de ser una niña. Es de una familia ilustre. El juez la ha recibido como cristiana descubierta y al verla tan niña piensa que es fácil convencerla para que se convierta y apostate. Ante el templo de Apolo le hace la sugerencia de ofrecer el sacrificio poniendo unos granos de incienso en el fuego y todo el proceso habrá concluido. "Yo sólo soy de Jesucristo" sale de sus labios con el suave timbre de voz de doncella y con la firmeza de un curtido soldado.

En la cárcel la ponen para que medite y haga el cambio. Corren los tiempos de Claudio.

El juez está ahora en un apuro; es tan impopular ejecutar a una joven y tan difícil asimilar perder la partida con quien tiene tan pocos años... Siempre habrá intercesores, mediadores ante el juez y Prisca que está anclada en su decisión y va in crescendo su voluntad de ser fiel.

Vienen conocidos llenos de misericordia, prudentes llenos de compasión, amigos de la paz que rechazan la violencia; todos ellos intentan bajarla de su propósito; le hablan de la felicidad que le espera en la vida que sólo está empezando, le proponen una existencia plagada de deleites, afirman sin rubor su belleza, restan importancia al asunto del incienso e intentan suavizar la situación. Son los mediocres de turno, los que se muestran como son por carencia de ideales; todo es falso en su vida menos lo práctico que les reporta utilidad. Pero todo es inútil.

Prisca termina su corta vida con la cabeza cortada fuera de la ciudad.
Fue enterrada en Via Ostia el 18 de Enero.
Sus reliquias se conservan en Roma en la iglesia a la que da nombre.
La menciona en su lista el martirologio de San Gregorio y el martirologio romano.

¡Qué más dan los adornos posibles que la leyenda acumula en los siglos sobre los detalles de su proceso y muerte! Que importa si hubo o no morbo en el forzado proceso de reducción; si fue una o tres veces las que estuvo en la cárcel; si su carne fue quemada con grasa derretida; si su cuerpo fue o no rasgado con uñas de acero, ni si los azotes fueron emplomados o no; si el fuego llegó a quemarla o se libró de modo milagroso. Ni siquiera interesa el león que se volvió manso en el anfiteatro y le lamió las manos y los pies.

No importa el tormento del hambre, ni tampoco los huesos descoyuntados. Sólo resalta en la historia la actitud altamente llamativa, decidida, de enamorada que mantiene hasta la muerte una muchacha tan madura que pospone el triunfo de su vida a la fidelidad a su Cristo, a su Dios.