La Comunión espiritual

Resultado de imagen para La Comunión espiritual
Wikipedia

La Comunión espiritual es una oración con la que el fiel católico expresa el deseo de recibir a Jesucristo en la Eucaristía sin efectuar materialmente la Comunión sacramental, es decir, sin recibir la hostia consagrada. Se utiliza sobre todo como una preparación para la Santa Misa o en los casos en los que es imposible acudir a ella.

Esta práctica está bien establecida en la Iglesia católica y muy recomendable por muchos santos, de acuerdo con el Papa Juan Pablo II. Explicó que la práctica de este deseo constante de Jesús en la Eucaristía tiene su raíz en la perfección última de la comunión eucarística, que es el fin último de todo deseo humano.

Tradicionalmente se ha considerado la Comunión Espiritual como un premio de consolación: no puedo comulgar sacramentalmente, entonces hago una Comunión Espiritual. La Comunión Espiritual no es primordialmente una sustitución de la Comunión Sacramental, sino más bien anticipación y extensión de sus frutos. Según la doctrina católica, las Comuniones espirituales deben siempre tener la Comunión sacramental como meta.

La Comunión Espiritual puede repetirse muchas veces al día. Puede hacerse en la iglesia o fuera de ella, a cualquier hora del día o de la noche, antes o después de las comidas. Los que están en pecado mortal deben hacer un acto previo de contrición, si quieren recibir el fruto de la Comunión Espiritual. Un acto de comunión espiritual, expresado mediante cualquier fórmula devota, es recompensado con una indulgencia parcial.

El Sacro Concilio de Trento alaba mucho la Comunión espiritual, y exhorta a los fieles a practicarla.

La Comunión espiritual consiste, según Santo Tomás, en un deseo ardiente de recibir a Nuestro Señor Jesucristo sacramentalmente y en amoroso abrazo, como si se lo hubiera ya recibido.

Juan Pablo II: Es conveniente cultivar en el ánimo, el deseo constante del sacramento eucarístico. De aquí ha nacido la practica de la comunión espiritual.

Mariología: San Juan María Vianney, el Cura de Ars, decía: “Una Comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual”.

Oración para Comulgar espiritualmente:

Jesús mío, creo que
Tú estás en el Santísimo Sacramento;
te amo sobre todas las cosas
y deseo recibirte ahora dentro de mi alma;
ya que no te puedo recibir sacramentalmente,
ven a lo menos espiritualmente a mi corazón.

Señor, no soy digno
ni merezco que entres en mi pobre morada
pero di una sola palabra
y mi alma será sana, salva y perdonada.

El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad
de Nuestro Señor Jesucristo,
guarden mi alma para la vida eterna.
Amén.

Y como si ya te hubiese recibido,
te abrazo y me uno todo a Ti.
Tú no te ausentes de mí.
Te suplico, oh Señor mío Jesucristo,
que la ardiente y dulce fuerza de tu amor,
embargue toda mi alma,
a fin de que muera de amor por Ti,
a sí como Tú te dignaste morir de amor por mí.
Amén

Sagrario de la Ermita de San Isidro (Madrid):

Yo quisiera, Señor, recibirte
con aquella pureza, humildad y devoción
con que te recibió tu santísima Madre;
y con el espíritu y fervor de los santos.



Rahner afirma que “el lugar por excelencia de la comunión espiritual es la iglesia y su momento privilegiado es aquél en el que la persona está arrodillada ante el Santísimo sacramento”.

(La comunión espiritual se puede hacer en cualquier momento del día y en cualquier lugar del mundo, pero, ciertamente, el momento más apropiado es el de la visita y adoración a Jesús sacramentado). Incluso, viajando o trabajando, podemos estar en adoración ante Jesús sacramentado.


Sobre esto, Santa Catalina de Siena tuvo una visión. Vio a Jesús con dos cálices y le dijo: “En este cáliz de oro pongo tus comuniones sacramentales y, en éste de plata, tus comuniones espirituales Los dos cálices me son agradables”.

Decía San Antonio María Claret: “Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual”.

Santa Teresa de Jesús recomendaba: “Cuando no podáis comulgar ni oír misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho”.


Liturgia Católica: San Alfonso María de Ligorio: Porque en cada una de las siguientes VISITAS AL SANTÍSIMO, según Santo Tomás, en un ardiente deseo de recibir a Jesús SACRAMENTO ha de hacerse la Comunión espiritual, será bien explicar qué cosa sea y de cuánto provecho.

La Comunión Espiritual consiste en ponerse en presencia de Jesús Sacramentado y en darle un amoroso abrazo, como si ya lo hubiéramos recibido.

Cuán agradable sea a Dios esta espiritual Comunión, y cuántas las gracias que por ella se nos conceden, lo manifestó el Señor a su sierva Sor Paula Maresca, fundadora del Monasterio de Santa Catalina de Siena, en Nápoles, mostrándole (como en su vida se refiere) dos vasos preciosos, de oro el uno y el otro de plata; y diciéndole que en el de oro conservaba sus comuniones sacramentales, y en el de plata las espirituales.

Y a la beata Juana de la Cruz le dijo que cada vez que comulgaba espiritualmente, recibía la misma gracia que si hubiese realmente comulgado. Baste sobre todo saber que el Sacro Concilio de Trento alaba mucho la Comunión espiritual, y exhorta a los fieles a practicarla. Por eso todas las almas devotas suelen hacer a menudo este santo ejercicio de la Comunión espiritual.

La beata Águeda de la Cruz lo hacía doscientas veces al día. Y el Padre Pedro Fabro, primer compañero de San Ignacio, decía que para hacer bien la Comunión sacramental, ayuda sobremanera el comulgar espiritualmente.

Estimúlese, pues, quien desee adelantar en el amor de Jesucristo, a practicar la espiritual Comunión, siquiera una vez en cada Visita al Santísimo Sacramento, y en cada Misa que oyere; aunque mejor sería repetirla tres veces en esta última ocasión , o sea al principio de la Misa, al medio y al fin.

Es la tal devoción mucho más provechosa de lo que algunos juzgan, y al mismo tiempo facilísima. Decía la mencionada beata Juana de la Cruz, que la Comunión espiritual se puede hacer sin que nadie lo note, sin necesidad de ayuno o de permiso del director, y a la hora que nos plazca: con hacer un acto de amor, está hecha.

Acto para la comunión espiritual:

Creo, Jesús mío,
que estáis en el Santísimo Sacramento;
os amo sobre todas las cosas
y deseo recibiros en mi alma.

Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente,
venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.
Como si ya os hubiese recibido,
os abrazo y me uno todo a Vos.
No permitáis, Señor, que vuelva jamás a abandonaros.

Fórmula breve:
Creo, Jesús mío,
que estáis en el Santísimo Sacramento:
Os amo y deseo. Venid a mi corazón.
Os abrazo; no os apartéis nunca de mí.

Se ganan 3 años de Indulgencia cada vez. Plenaria al mes haciéndola todos los días.

Imagen relacionada


Fuente:TRIUNFO DEL REINO EUCARISTICO DE JESUS UNIDO AL TRIUNFO DEL INMACULADO CORAZON DE MARIA SANTISIMA

COMUNION ESPIRITUAL
La Comunión Espiritual es la reserva de la Vida y Amor Eucarístico, siempre disponible para los amantes de Jesús Eucarístico. Por medio de la Comunión Espiritual, se satisfacen los deseos voraces del alma que quiere estar unida a Jesús, su Esposo.

La Comunión Espiritual es una unión de amor entre el alma y Jesús en la Hostia. Esta unión es espiritual, más sin embargo, es real, más real que la unión entre el alma y el cuerpo, "porque el alma vive más donde ama que donde vive," dice San Juan de la Cruz. Fe, Amor y Deseo. Como es evidente, la Comunión Espiritual asume que tenemos fe en la Presencia Real de Jesús en el Tabernáculo. Implica que quisiéramos la Comunión Sacramental, y demanda gratitud por el regalo que nos hace Jesús en este Sacramento.

Todo esto se expresa simple y brevemente en la formula de San Alfonso:

"Creo Jesús Mío que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro de mi alma, más ya que no lo puedo hacer en este momento sacramentalmente ven por lo menos espiritualmente a mi corazón.

Como si ya te hubiese recibido, yo me abrazo y me uno totalmente a Tí. Nunca, nunca permitas que me separe de Tí. Amen"

 Resultado de imagen para La Comunión espiritual

La Comunión Espiritual, como nos enseña Santo Tomás Aquino y San Alfonso Liguori, producen efectos similares a la Comunión Sacramental, de acuerdo a las disposiciones con que se hace, la mayor o menor vehemencia con que se desea a Jesús y se le tributa la atención que merece.

Una ventaja especial de la Comunión Espiritual, es que la podemos hacer tantas veces como queramos,- aun cientos de veces al día;- cuando queramos,- aun en la noche avanzada;- y donde queramos,- aún en el desierto, o viajando en un avión.

Es oportuno hacer una Comunión Espiritual especialmente cuando asistimos a la Santa misa, y no podemos recibir a Nuestro Señor sacramentalmente. Al recibir el sacerdote su Sagrada Comunión, nuestra alma debiera compartir de ella, imvitando a Jesús a nuestro corazón. De este modo, toda Misa que oímos está completa, con el Ofertorio, la Consagracíon Sacrificial y la Sagrada Comunión.


Resultado de imagen para La Comunión espiritual

Los dos Calices.
El mismo Jesús dijo a Santa Catarina de Siena en una visión, lo preciosa
que es la Comunión Espiritual. La Santa temía que la Comunión Espiritual era nada, comparada con la Comunión Sacramental.

En la visión, Nuestro Señor sostenía dos Ciborios, y decía: "En este Calíz dorado, pongo tus Comuniónes Sacramentales; y en este Cáliz de plata, tus Comuniónes Espirituales. Los dos Ciborios me son muy agradables."

Y en una ocasión,Nuestro Señor dijo a Santa Mararita María Alacoque cuando ella se encontraba dirigiéndole tiernos suspiros en el Tabernáculo: "Amo tanto el deseo de un alma de recibirme, que me apresuro a venir a ella cada vez que me llama con sus anhelos." No es muy dificil el ver cuánto aman los Santos la Comunión Espiritual. Esta satisface, al menos en parte, los deseos ardientes de unirse con su amado.

Mismo Jesús dijo: "Permaneced en Mí, y Yo en vosotros" (Jn. 15:4)

. No había otra manera de quietar los tiernos deseos que ardían en los corazones de los Santos. "Como el ciervo ansía las corrientes de agua, así mi alma suspira por Tí, Oh Dios, porque mi alma tiene sed de Dios." (Sal. 41:2)

Este es el suspiro de amor de los Santos. 

Santa Catarina de Genova exclamaba:
"Oh querido Esposo (de mi alma); tanto ansío la algría de estar Contigo, que me parece que si muriera, volvería a la vida solo para recibirte en la Sagrada Comunión."

La Beata Agueda de la Cruz sentía una necesidad tan aguda de vivir siempre unida a Jesús en la Eucaristía, que recalcaba: "Si el Confesor no me hubiera enseñado a hacer Comuniónes Espirituales, no hubiera vivido."

Igualmente para Santa María Francisca de las Cinco Llagas, la Comunión Espiritual era el único alivio del dolor tan agudo que sentía cuando fué encerrada en casa, lejos de su amado Señor, y especialmente cuando se le prohibió recibir la Sagrada Comunión.

En tal ocasión, salía a la terraza de su casa, y mirando en dirección a la Iglesia, suspiraba entre lágrimas:
"Felices los que hoy te han recibido en el Santo Sacramento,
Oh Jesús. Benditas las paredes de la Iglesia que guardan a mi Jesús. Benditos los sacerdotes quienes están siempre cerca del mas adorable Jesús."

Solo la Comunión Espiritual podía satisfacerla un poco. Durante el día. Este es uno de los consejos que el Padre Pio de Pietrelcina dió a una de sus hijas espirituales: "Durante el transcurso del día, cuando no te es permitido hacer otra cosa, llama a Jesús, aún en medio de todas tus ocupaciones, con un suspiro resignado del alma, y El vendrá y permanecerá siempre unido con tu alma por medio de Su Gracia y Su Santo Amor.

Haz un vuelo espiritual hasta frente el Tabernáculo cuando no puedas estar ahí con tu cuerpo, y ahí derrama los deseos ardientes de tu espíritu y abraza al Amado de las almas mejor que si se te hubiera permitido recibirlo sacramentalmente."


Resultado de imagen para La Comunión espiritual

También nosotros, saquemos provecho de este gran don.
¿Durante los momentos en que se nos pone a prueba o nos sentimos abandonados, por ejemplo, que puede ser más valioso para nosotros que la compañía de Nuestro Señor Sacramentado, por medio de la Comunión Espiritual? Esta práctica santa, puede obrar facilmente para llenar nuestros días con acciones y sentimientos de amor, y nos puede hacer que vivamos en un abrazo de amor el cual depende solamente de que lo renovemos, para que casi ni se interrumpa.

Santa Angela Merici era extremadamente apasionada de la Sagrada Comunión Espiritual.

No solo la hacía a menudo y exhortaba a otros a hacerla sino que quizo dejársela a sus hijas como herencia para que ellas la practicaran depues. ¿Y que podremos decir de San Francisco de Sales? ¿Acaso no parecía su vida como una cadena de Comuniónes Espirituales? El tomo la resolución de hacer una Comunión Espiritual al menos cada cuarto de hora.

 San Maximiliano Kolbe hizo la misma resolución desde su juventud.

El Siervo de Dios Andres Beltrami, nos dejó una corta página de su diario personal, el cual es el programa de una vida sin interrupción de Comuniónes Espirituales con Jesús en el Santísimo Sacramento.
Estas son sus palabras: "Donde quiera que me encuentre, constantemente pensaré en Jesús en el Santísimo Sacramento. Fijaré mis pensamientos en el Tabernáculo Sagrado, aun por la noche, cuando despierte de mi sueño, adorándolo desde donde esté, llamando a Jesús en el Santísimo Sacramento, ofreciendo el acto que esté llevando a cabo en ese momento. Instalare un cable telegráfico desde mi estudio hasta la Iglesia; otro desde mi recámara y un tercero desde el Refectorio; y tan seguido como pueda, enviare mensajes de amor a Jesús en el Santísimo Sacramento."

¡Que torrente de afectos divinos deben haber pasado por esos cables! Igualmente durante la noche.

Los Santos estaban ansiosos de usar estos y otros medios santos, a fin de encontrar un escape para sus corazones desbordantes, pues ellos sentían que no habian avanzado aún bastante en su esfuerzo por amor. "En tre mas Te amo, lo menos que Te amo," exclamaba Sta Francisca Xavier Cabrini, "pues quisiera amarte más, mas no puedo. Oh, ensancha, ensancha mi corazón."

Cuando San Roque fué puesto en la prision al ser convicto de vagabundo peligroso, estando en su celda tenía siempre la mirada fija en la ventana, al mismo tiempo que oraba.
El guardia le preguntó: "¿Qué es lo que estás mirando?"
El Santo le respondió: "Estoy viendo la torre de la Iglesia."
La torre le recordaba de una Iglesia, un Tabernáculo, y de Jesús Eucarístico, inseparablemente unido a su corazón. El Santo Cura de Ars, decía a su rebaño: "A la vista de una torre de Iglesia, ustedes pueden decir: Jesús está ahí, pues ahí hay un sacerdote que ha celebrado Misa."

El Beato Luis Guanella, al viajar en tren con peregrinaciones a varias parroquias, acostumbraba siempre aconsejar a los peregrinos que dirigieran sus mentes y sus corazones hacia Jesús siempre que vieran la torre de una Iglesia a través de la ventana del tren. "Cada campanario," solía decir, "señala una Iglesia, en donde hay un Tabernáculo, donde se celebra una Misa, y donde esta Jesús."


Aprendamos una lección de los Santos.
A ellos les gustaría compartir una chispa del amor que arde en sus corazones.

Hagamos la resolución de hacer muchas Comuniónes Espirituales, especialmente durante los momentos más arduos del día. Así, muy pronto penetrará en nosotros el fuego del amor.

De algo muy consolador, nos asegura San Leonardo de Port Maurice, y eso es ésto: "Si ustedes practican el Santo ejercicio de la Comunión Espiritual bastantes veces al día, en un mes se encontrarán completamente cambiados."

Imagen relacionada
Fuente: Catolicidad

Advertencias

1) La Comunión Espiritual puede repetirse muchas veces al día. Puede hacerse en la iglesia o fuera de ella, a cualquier hora del día o de la noche, antes o después de las comidas.

2) Todos los que no comulgan sacramentalmente deberían hacerlo al menos espiritualmente, al oír la Santa Misa. El momento más oportuno es, naturalmente, aquel en que comulga el sacerdote.

3) Los que están en pecado mortal deben hacer un acto previo de contrición, si quieren recibir el fruto de la Comunión Espiritual. De lo contrario, para nada les aprovecharía, y sería hasta una irreverencia, aunque no un sacrilegio, según explica el padre Antonio Royo Marín, OP, en su Teología Moral para Seglares. Los Sacramentos.

-oOo-
Resultado de imagen para La Comunión espiritual

A propósito de la comunión espiritual, el Catecismo del Concilio Dogmático de Trento, llamado Catecismo Romano, porque es el compendio de la doctrina romana, se expresa así: “Hace falta que los pastores de almas enseñen que no hay sólo una manera para recibir los frutos admirables del sacramento de la Eucaristía, sino que hay dos: la comunión sacramental y la comunión espiritual”. La comunión espiritual es poco conocida y poco practicada, sin embargo es un manantial especial e incomparable de gracias. Por medio de ella muchas almas llegaron a gran perfección.

San Juan María Vianney, el Cura de Ars, decía: “Una Comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual”.

El Sacro Concilio de Trento alaba mucho la Comunión espiritual, y exhorta a los fieles a practicarla.

Cuán agradable sea a Dios esta espiritual Comunión, y cuántas las gracias que por ella se nos conceden, lo manifestó el Señor a su sierva Sor Paula Maresca, fundadora del Monasterio de Santa Catalina de Siena, en Nápoles, mostrándole (como en su vida se refiere) dos vasos preciosos, de oro el uno y el otro de plata; y diciéndole que en el de oro conservaba sus comuniones sacramentales, y en el de plata las espirituales. Baste sobre todo saber que el Sacro Concilio de Trento alaba mucho la Comunión espiritual, y exhorta a los fieles a practicarla.

Jesús querría venir cada día a nuestro corazón con la comunión espiritual, pero no le basta todavía: querría unirse a nosotros continuamente. Este deseo divino se cumple con la comunión espiritual. “Cada vez que tú me deseas”, le decía Jesús a Santa Matilde, “tú me atraes dentro de ti. Un deseo, un suspiro, basta para ponerme en tu posesión”.

A Sta. Margarita María le decía: “Tu deseo de recibirme ha tocado tan dulcemente mi corazón, que si yo no hubiera instituido ya este Sacramento, lo hubiera hecho en este momento, para unirme a ti”.

El Señor le encargaba a Sta. Margarita de Cortona que le recordara a un religioso las palabras de San Agustín: “Cree y habrás comido”; es decir, haz un acto de fe y de deseo hacia la Eucaristía, y tú serás alimentado por este alimento divino.


A la Beata Ida de Lovaina, durante una Misa en la que ella no había podido comulgar, Jesús le decía: “¡Llámame y yo vendré a ti!”, - “¡Venid, o Jesús!”, exclamó entonces la santa, y se sintió llenar de felicidad como si realmente hubiera comulgado.

Finalmente, después de una comunión espiritual de la que gozaba todas las delicias, Santa Catalina de Siena oyó que Jesús le decía: “En cualquier lugar, de cualquier manera que me guste, yo puedo, quiero y sé satisfacer maravillosamente los santos ardores de un alma que me desee”.

Este deseo de Jesús de unirse a nosotros es infinito y omnipotente: no conoce otro obstáculo que nuestra libertad.

Jesús ha multiplicado los milagros para venir a encerrarse en la hostia, para poder darse a nosotros. ¿Qué le cuesta hacer un milagro más y darse a nosotros?, ¿no es acaso el dueño de sí mismo, de todas sus gracias, de su divinidad? Y si, llamado por unas pocas palabras, baja del Cielo a la hostia, entre las manos del sacerdote, ¿no bajará a nuestro corazón, si es llamado por el ardor de nuestros deseos?

Resultado de imagen para La Comunión espiritual

El primer efecto de la comunión espiritual es entonces el de acrecentar nuestra unión con la humanidad y con la divinidad del Verbo encarnado. Este es su efecto principal, su fruto esencial: todas las demás gracias que se reciben, derivan de ésta. He aquí un resumen de ellas:

El fervor es reavivado. La “comunión espiritual”, decía el Santo Cura de Ars, “hace sobre el alma el efecto de un golpe de soplillo sobre el fuego cubierto de ceniza y próximo a apagarse. Cuando sentimos que el amor de Dios se enfría, ¡corramos pronto a la comunión espiritual!”. En medio de las pruebas de nuestra peregrinación aquí abajo, continuamente nos invade la tristeza, y nuestro corazón se llena de densas tinieblas.

La comunión espiritual disipa la bruma, como el sol de la mañana; ella devuelve la alegría al corazón y da al alma la paz.

Ella conserva también el recogimiento: es el medio más eficaz para predisponerse contra la disipación, la ligereza y todas las divagaciones de la mente y de la fantasía. Nos acostumbra a tener nuestra mirada fija en Jesús, a conservar con Él una dulce y constante intimidad, a vivir con Él en una continua unión de corazones.

Ella nos desapega de todo lo que es puramente sensible y terrenal; nos hace despreciar las vanidades que pasan, los placeres del mundo que duran poco. “Ella es el pan del corazón, dice S. Agustín, ella es la curación del corazón”. Ella separa nuestro corazón de todo lo que es impuro e imperfecto; lo transforma y lo une estrechamente al corazón de Jesús.

La comunión espiritual tiene también una eficacia maravillosa para borrar los pecados veniales y para perdonar las penas debidas al pecado. La comunión espiritual dará en el cielo a las almas que la habrán hecho bien, una gloria sorprendente, y éstas gustarán de unas alegrías especiales, más dulces y deliciosas, que otros no conocerán.

Nuestro Señor le decía a Santa Gertrudis, que cada vez que uno miraba con devoción a la Hostia Santa, aumentaría su felicidad eterna y se prepararía para el cielo tantas delicias distintas a medida que multiplicaba aquí abajo las miradas de amor y de deseo hacia la Eucaristía.

La comunión espiritual, aumentando cada día nuestros deseos de recibir a Jesús, nos empuja a la comunión sacramental, nos impide dejarla por culpa nuestra, la hace ser más frecuente, nos dispone a recibirla mejor y a sacar más frutos de ella. La comunión espiritual es, según todos los Santos, la mejor preparación a la comunión sacramental.

Añadid además que la comunión espiritual se puede ofrecer según la intención del prójimo, sea a favor de los vivos, sea a favor de los difuntos. 

La beata Margarita María de Alacoque recomendaba la comunión espiritual en sufragio de las almas del Purgatorio. “Vosotros aliviaréis bastante a aquellas pobres almas afligidas, decía ella, ofreciendo por ellas comuniones espirituales para reparar el mal uso que ellas han hecho de las comuniones sacramentales”.

Se puede además hacer después de la oración, después de la meditación, después de la lectura espiritual, antes y después del rezo del rosario y por la noche antes de dormirse. Se puede hacer todas las veces que se quiera. Aquí no importa el tiempo, importa el ardor y la vehemencia del deseo, el hambre y la sed del alma, ¡el impulso del corazón!

Los santos son unánimes en exaltar las maravillas de la comunión espiritual.

Llegan a decir, como la Ven. María de la Cruz, “que Dios, con este medio, nos colma muchas veces de las mismas gracias de la comunión sacramental”; y, con Santa Gertrudis y el P. Rodríguez, “alguna vez también da gracias más grandes”; porque, anota éste último, “aunque la comunión sacramental sea, de por sí, de una mayor eficacia, sin embargo el fervor del deseo puede compensar la diferencia”.